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nunca fui a Granada

lunes 13 de febrero de 2012

@ 23:50

Mi ritual de cambio de año es ése, pasar las fechas de los cumpleaños de una agenda a otra. Hay personas con las que no estoy en contacto desde hace mucho tiempo y sin embargo salen ahí, los nombres se van acumulando de año en año. Algunos de ellos me recuerdan ese año en que apunté sus nombres, éste es del de la Fondation, éste de San Diego. Como casi siempre estoy en Basauri en navidad, hay más fechas de familia y amigos de allá. Pero el de ella nunca lo había apuntado. Hasta hoy. Hubiera cumplido 60, me ha dicho Blanca por email.
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miércoles 8 de febrero de 2012

@ 16:51

Me falta un mes para los treinta. Ay. Algún día elaboraré más sobre este tema.
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martes 7 de febrero de 2012

@ 20:55

Cuando yo he entrado, ellos ya llevaban un rato hablando. Le preguntaban dónde iba, y que se tenía que bajar en la siguiente parada. Él no, él no hablaba. A veces los miraba, despacio, pero sin tratar de entender. Yo también los miraba, a él, pero primero a ellos; siempre miro a los policías que hablan con alguien, sobre todo si es negro, o latino, o pobre, algo que en esta ciudad a veces es sinónimo. Los miro fijo, como para que sepan que hay alguien que los ve.
El hombre de hoy no parecía ser ninguna de las tres cosas. Estaba desubicado, tenía las manos manchadas de grasa, iba comiendo un churro -aquí los venden, en unos carritos de metal. Cuando el metro se ha parado, le han dicho que se bajara, man, ha añadido uno, para mostrar que eran colegas. Pero no lo eran. El hombre seguía sentado, comiendo lento; no los retaba, no los miraba, él estaba fuera. El que no ha dicho man se reía y movía la cabeza de un lado a otro, en gesto de no tiene arreglo. Él se ha acercado a la chica que estaba sentada a su lado y que llevaba un perro en el bolso. Ha mirado la mitad del churro que le quedaba y en mi cabeza ha dudado si dársela al perro. No lo ha hecho, tal vez eso ha aumentado aún más el aire de melancolía de ese hombre. Luego se ha sacado las cosas de los bolsillos. Un ventolín, un paquete de cigarros vacío, una caja de medicamentos, todo despacísimo. La cartera, siete dólares perfectamente lisos, algunas tarjetas no sé de qué. A todo esto, los policías ya se han ido -el que no había dicho man llevaba un rato mirando el reloj- y la chica del perro aprovecha que se va la gente para cambiarse de banco. Nadie quiere sentarse al lado de ese hombre cuyo gran delito es la lentitud extrema.
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miércoles 1 de febrero de 2012

Mi vida con Spanair @ 23:17

Spanair cierra el chiringuito. De más está decir mi preocupación y solidaridad con los trabajadores que se van a a la calle y la rabia por el dinero público que se va a causas privadas.

He volado bastante con Spanair. Sólo en vuelos breves, con ellos hacía siempre la conexión entre Bilbao y Madrid o Barcelona. Cuando llegabas a Bilbao, el mensaje de bienvenida al aeropuerto era en euskera. A veces hasta uno de los azafatos sabía euskera y lo hacía en directo. Por lo demás, el servicio era regular, como en todas las compañías menos en Iberia, donde una siempre siente que le van a gritar por no sentarse derechita en la butaca y agradece al señor el único día que no le pierden la maleta.

El caso es que Spanair, una vez, me perdió la maleta. Y por teléfono me dijeron que tenía 50 euros por día para gastar en productos de primera necesidad. Los gasté, dos días, luego la maleta llegó. Pedí facturas de todo, mandé los mil papeles que me pedían rapidito y me senté a esperar. Esto fue a mediados de diciembre. De 2010. Sigo esperando. Entre tanto, Spanair se ha reído de mí varias veces. Los llamo y me dicen que ya está mi dossier preparado y que al día siguiente voy a recibir un email de confirmación del pago, o me dicen que me han llamado dos meses antes pero que no he respondido al teléfono y han parado la tramitación, o, lo más de lo más: una vez los llamé desde Bilbao -siempre los llamo desde Nueva York- y al día siguiente me mandaron un email diciéndome que "para proseguir mi gestión" necesitaban que les mandara mi nueva dirección, que si no no podían seguir. Yo estaba en Bilbao de vacaciones, una semana. No había cambiado mi dirección permanente, como bien le había indicado el día anterior a quien me había atendido al teléfono.

Hoy he vuelto a llamar. Más que nada para ver en qué punto del proceso de desaparición estaba Spanair, si ya habían cerrado todas las oficinas o aún había alguien trabajando, y en ese caso, para ver qué excusa me ponían esta vez -ahora sí tenían una. Creo que me ha respondido la misma mujer que las últimas veces. Y, como las otras veces, me ha preguntado mi número de referencia, sin saludarme. Y, como otras veces, me ha vuelto a poner en espera. Que si llamaba por mi reclamación, me pregunta. Que por qué otra cosa iba a llamar, le respondo. Se hace un silencio. Que mi dossier está parado: el 25 de noviembre me llamaron tres veces y se cortó la llamada. Entonces lo pusieron en pausa, el dossier. Qué raro, no, esta gente que se comunica por mail y ahora como no respondo al teléfono -en fin-, paran mi dossier. Me enfado, no mucho aún. Le digo que llevo un año y tres meses esperando. Y ahí, justo ahí, la señora lo dice: Señora, me dice, no sé si está al corriente de los últimos acontecimientos. Claro que estoy al corriente de los acontecimientos. Y ahí me digo que puede que esta mujer también haya perdido su trabajo y esté ahí, escuchándonos quejarnos sabiendo que en un mes no tendrá trabajo. Y me callo. Pero la mujer vuelve a insistir. Que debería dar las gracias porque me van a devolver mi dinero. No lo dice con pena, no. Lo dice como adoctrinándome. Le respondo que yo no tengo que dar las gracias por que me paguen lo que me deben. Pero, sobre todo, me pregunto en qué momento hemos pasado a ponernos de parte de las empresas y en contra de las personas. De las empresas que se ríen, señora, de nosotras.
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domingo 29 de enero de 2012

Dos fotógrafos @ 17:56

Gotthard Schuh llamaba a lo que hacía realismo poético. Y me parece que encontró la manera justa de decirse. Una está ya mayor para tener cosas preferidas, pero Schuh merece el título, qué le vamos a hacer. Si hay alguien que lee esto desde Madrid, hay una muestra sobre él en Fundación Mapfre.





Y Duane Michals. A él le sobraba el realismo; decidió dedicarse a hacer poesía. Dicen que algunos días se le ve pasear por Gramercy Park.



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sábado 28 de enero de 2012

@ 00:58


O sea que hubo un tiempo en que yo escribía un blog. No es que fuera muy constante, pero el blog formaba parte de mi vida diaria: cuando me pasaba algo extraordinario, ni siquiera me hacía falta apuntarlo, sabía que iba a llegar a casa y escribirlo en el blog. Lo más importante no era que escribiera; era que me pasaran cosas extraordinarias. Que, claro, no lo eran, pero yo las veía así. He estado leyendo las entradas de mi primer blog –primer post: 1 de julio de 2005. Algunos días voy a ver el mar y lo escribo, otros me doy cuenta de lo raro que es vivir en francés, y eso me produce alegría, y lo escribo, otro día me acuerdo de aquel hombre al que quise, y justo él me dice que nunca escribo sobre él, y lo escribo. La diferencia no es que lo escribo; es que todo me parece más alegre. Juventud dorada y tiempos dichosos. Del día de hoy, por ejemplo, habrían salido tres posts de esos de hace siete años. Realmente no es tanto, siete años. Lo que sí es mucho es perder esa fascinación con el mundo. Me niego, va.
Post 1-
En Fab café, bar chiquito, barato y con nivel aceptable de ruido en el East Village . Una señora vieja y pequeña habla, sola, de pie, frente a mi mesa. No le hago caso. En Nueva York estoy acostumbrada a no hacer caso. Es porque la mayoría de las veces pienso que me van a pedir algo, o si no voy corriendo y no quiero parar. Es así. Me cuesta no escribir esta frase en un impersonal colectivo. Pero miro a la señora otra vez. Me recuerda a abuela. Cuando voy a bajar la cabeza, me digo que abuela podría también estar ahí, tan arrugadita. Nos miramos y ella me hace una mueca de resignación. Le pregunto qué le pasa y me dice algo de un dólar y de un café. Le digo que no entiendo lo que me dice: me parece que puede hablar castellano. Se me acerca y me pregunta si hablo castellano. Me dice, otra vez, algo de un dólar y de un café. Le doy lo que le falta para el café, pero no se lo dan, el café. Me estoy enfadando. Una chica, al salir, me dice que no puede tomar café, que su hijo va de cafetería diciendo a los camareros que no le den más café, que toma como diez al día. Viene frente a mi mesa otra vez. Que por qué no prueba el té, le digo, o el chocolate, le dice la camarera. Pero no, el té es para enfermos, a ella le gusta el café. Como a abuela. Se llama Ramona.
Post 2-
Me han nombrado, hoy, Salieri del Arúspice. Por mucho, mucho que quiera a Javier Molea, quien me nombra, no llega al mismo nivel de felicidad que mi título patafísico. Pocas cosas pueden con eso. Pero acumular títulos y honores siempre será una de las distinciones de la docta ciencia. Y además, he aprendido que Marosa, una vez que fue a presentar un libro, 2 drag queens de 2 metros la llevaron en andas hasta el estrado. Fue su última presentación. Después murió. O que en la ciudad vieja de Montevideo, en la discoteca Milenio, los salieris tenían una librería que abría viernes y sábados, de 12 de la noche a 6 de la mañana. Y que la literatura uruguaya nació con Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo y José Hernández. Los porteños nos la pasan afanando gente.
Más que los posts, la una de la mañana y la cerveza al lado son signos de regeneración. Sea.
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jueves 1 de diciembre de 2011

@ 23:27

Lucita txanogorritxu (1 of 1)-2


lucita
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miércoles 16 de noviembre de 2011

c. 1675 @ 12:00

OWS-Morning after eviction (45 of 45)

Je sais que vous les comptez pour rien, parce que la cour est armée ; mais je vous supplie de me permettre de vous dire que l’on doit les compter pour beaucoup, toutes les fois qu’ils se comptent eux-mêmes pour tout. Ils en sont là : ils commencent eux-mêmes à compter vos armées pour rien, et le malheur est que leur force consiste dans leur imagination ; et l’on peut dire avec vérité qu’à la différence de toutes les autres sortes de puissance, ils peuvent, quand ils sont arrivés à un certain point, tout ce qu’ils croient pouvoir.
Cardinal de Retz, Mémoires. 

Sé que los toma usted como si no fueran nada, porque la corte está armada; pero le suplico que me permita decirle que debemos contarlos por muchos, desde el momento en que ellos mismos se cuentan como todo. Están ahí: empiezan a tomar a sus ejércitos por nada y lo malo es que su fuerza se basa en su imaginación; y podemos decir, con razón, que, a diferencia de todas las otras formas de poder, pueden, cuando llegan a determinado momento, todo lo que creen poder. 

Cardenal de Retz, Memorias.   

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jueves 20 de octubre de 2011

@ 14:21

Hay más imágenes, ahora.

Unos turistas en Nueva York, que no se enteran hasta horas después, cuando llegan cansados, al hotel, y ven diez mensajes en sus teléfonos móviles que, justo hoy, se habían olvidado. Les es imposible imaginar ese otro lugar del que apenas ayer eran todo.

Un padre y una hija han ido a un recital de poesía, en Bidebarrieta. Van a escuchar a una amiga de su hija, de su hermana, que vive lejos. Las amigas que vienen de allí la traen a ella un poco. Después del recital, o tal vez durante el recital, alguien sube al escenario, trata de contener las lágrimas. La poesía de repente no vale nada o lo vale todo.

Una mujer que soy yo y que llora en la biblioteca hace muchas llamadas y nadie responde. Sólo valen ahora los que están allí, o los que vienen de allí, ella que nunca quiso tirar líneas. Nadie responde. Chatea, escribe en facebook, escribe en el blog. Su manera de relacionarse ahora es abrir todos los periódicos, aferrarse al ordenador cuando realmente lo que quiere es abrazar y llorar compartido.
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Antes de ayer volví a intentar escribir el blog. O volví a querer. Hacía tiempo que me venían las ganas, pero estos últimos días, incesantemente, me volvía una imagen -raro en mí, que siempre me vienen palabras. Era ésta - y éste es el borrador que tenía preparado desde hacía dos días, dos frases:

Un grupo de personas está reunido en una sala tratando de decidir el titular que nunca pensaron que escribirían. Están cansados.

Ahora escribiría algo como

en el décimo piso de la biblioteca

una mujer

llora


Hay cosas que una pensaba que nunca alcanzaría a ver, de verdad de la buena. Zorionak, ba.
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... o sea decidir de una vez por todas si es el momento de volver a poner el disco con Prozession o si más bien debería contestarle dos líneas al poeta venezolano que me ha mandado un libro donde todo está ya leído, las palabras pulidas igualitas a picaportes de oficina, metáforas y metonimias patentadas, intenciones tan buenas, resultados tan a la vista, mala poesía supuestamente revolucionaria, pero si no fuera más que eso, Stockhausen o el venezolano...

Julio Cortázar, Libro de Manuel



...Creo en mí mismo;
Porque algún día yo seré todas las cosas que amo...

Luis Cernuda, La realidad y el deseo